La soledad de una mujer convencida de que AMLO fue lo mejor que podía pasarnos

Lo que antes era actuar en bloque, dio paso ya a las intrigas palaciegas. La salida de la titular de la Función Pública debe leerse en ese contexto, el de una administración que ya inició los manotazos internos y en donde, es también de resaltar, la conducción de los programas oficiales pierde peso ante la grilla en el círculo inmediato del jefe máximo.

La salida de Irma Eréndira Sandoval tiene una vertiente desapercibida, su defenestración como titular de Función Pública equivale a que con ella se va una de las poquísimas voces que se atrevían a decirle “no” al Presidente. La consecuencia natural, el futuro de un sector de gobierno que caerá en la lógica de cumplir lo que venga de Palacio, sin importar lo que marque la ley o la mínima prudencia

En los primeros dos años de la dependencia habían sido blandos porque se trataba, básicamente, de revisar administraciones “del pasado”, pero llegado el momento de auditar la propia, no todos los ocupantes de la 4T se sentían felices con ello.

Hace no mucho, en estas mismas páginas, el analista Jaime López-Aranda Trewartha comentó que los resultados de la elección del 6 de junio marcarían el fin del sexenio de Andrés Manuel López Obrador ya que, como le pasó a Calderón y a Peña Nieto, quienes tuviesen aspiraciones al interior del gobierno ya sabían que la bendición presidencial no alcanzaba para labrarse un futuro. Los triunfos notables de Morena en gubernaturas estatales sólo generaron 11 nuevos nichos de poder, mismos que se alinearán a Palacio Nacional previa revisión de los intereses propios.

La previsión parece haberse verificado en la guerrerense, quien fue una de las colaboradores más cercanas de AMLO y ahora sufre una caída debido al fuego amigo y a que Palacio Nacional, a diferencia de los años iniciales de la 4T, se convirtió en un cuadrilátero de intrigas. En este río revuelto, Irma Eréndira Sandoval debió ver cómo su soledad se acentuaba al ser de las pocas (¿la única?) persona dentro del Gabinete capaz de soltarle un “no” al Presidente. La soledad se redondeó, paradójicamente, por su absoluta lealtad a AMLO y a la 4T. En efecto, si bien al interior del gabinete podía ser considerada crítica, afuera del orden gubernamental se ha hecho evidente que no hay una voz que esté dispuesta a defenderla o a advertir siquiera las posibles consecuencias negativas de su salida.

En organizaciones civiles críticas a la gestión amlista, Sandoval Ballesteros fue vista sencillamente una contrincante. México Evalúa y otras similares optaron este lunes por golpear en redes a la defenestrada y omitieron o no vieron la posibilidad de un futuro inmediato peor. No aceptaron una visión distinta a la forma en que ellos conciben la lucha anticorrupción (de ventanilla de atención y denuncia). Al ofrecerles a estas ONG la llegada de programas clave, como el del ciudadano colaborador en el ataque a la corrupción, Sandoval fue vista por las ONG como competencia y por ello no hubo forma de que le reconocieran avances.

Al interior de Palacio, el distanciamiento con AMLO se relata como una consecuencia natural de que Félix Salgado Macedonio no haya llegado a la gubernatura de Guerrero (o que lo haya debido hacerlo a través de su hija). Como se recordará, el hermano de la exsecretaria de la Función Pública compitió por la candidatura morenista, pero la preferencia dictada en Palacio se impuso.

Salgado Macedonio, acusado de violación sexual, terminó siendo relegado también por un tecnicismo burocrático creado en el INE a partir de la no presentación de gastos de precampaña. La falta, muy común en la pasada elección, fue tomada por los morenistas como un mero pretexto y es en ese contexto que los opositores a Irma Eréndira la expusieron como alguien que había contribuido a que los deseos del Ejecutivo no se concretaran.

No obstante, se puede entrever que las acciones que emprendió sí tocaron intereses, como investigar el caso Bartlett, que luego se hizo aún más grave por la sanción a su hijo de Bartlett por una venta amoral de ventiladores hospitalarios a mitad de la pandemia; también fue relevante en la opinión pública el caso de Carlos Lomelí, el constructor y financiador de Morena en Jalisco, a quien se le investigó por conflicto de intereses como funcionario federal y empresario farmacéutico, a pesar de lo cual se le permitió seguir manejando el partido de la 4T y ser candidato a la alcaldía de Guadalajara..

Pero el punto crítico, que las ONG de transparencia no supieron ver, fue la oposición de Sandoval a la desaparición de órganos autónomos o, peor aún, el regreso de sus funciones (sin presupuesto de por medio) a las secretarías de estado.

Esa oposición de Sandoval a una idea presidencial fue narrado, mediante filtraciones, en casi todos los medios de comunicación nacionales, aunque siempre con el matiz interesado de remarcar que la otrora gran amiga de la familia del Presidente estaba cayendo en desgracia.

Sandoval continuó con su postura respecto a temas de transparencia, autonomía de órganos ciudadanos y el inicio de la revisión patrimonial, marcada por la Ley, a quienes ocupan cargos de relevancia en la Administración Pública Federal. Y la campaña en su contra se acentuó.

La suerte quedó echada este fin de semana. Los detractores de la titular de Función Pública salieron victoriosos, curiosamente sin que haya una crítica a su desempaño, sino sencillamente porque había perdido la compañía presidencial.

El futuro de Sandoval es, probablemente regresar a la academia y, seguramente, lo hará sin perder su convicción de que AMLO y la 4T han aparecido en el país como personaje y evento afortunados para la gran mayoría de la población.

Aún con ese discurso favorable para la administración que decidió prescindir de ella, la soledad es lo que se hace más evidente en el capítulo final de su paso por gobierno.

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